A pocos kilómetros del lago Mývatn, al pie del monte Námafjall, el campo geotermal de Hverir es un paisaje de otro planeta: tierra de tonos ocres y amarillos, fumarolas silbantes y pozas de barro gris que burbujean y desprenden un fuerte olor a azufre. Hay que ceñirse estrictamente a los senderos marcados, ya que el suelo puede estar a temperaturas peligrosas. El acceso es libre y suele combinarse con la visita al lago.
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