La ciudad fundada como Stanislawow por la nobleza polaca conserva un centro barroco encantador y poco visitado. La Plaza del Mercado con el Ayuntamiento renovado es el corazon de la vida cultural de la ciudad. La Iglesia de la Resurreccion con sus cupulas verdes y la Catedral Armenica muestran la diversidad historica. Los cafes y restaurantes de cocina galitziana sirven platos con influencias polacas, austriacas y ucranianas. Es la base ideal para explorar los Carpatos y las aldeas hutsules de las montanas cercanas.
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