Churchill, un remoto pueblo a orillas de la bahía de Hudson, en el norte de Manitoba, es conocido en todo el mundo como la capital mundial de los osos polares. Cada otoño, decenas de estos grandes animales se congregan en sus alrededores a la espera de que se hiele el mar para poder salir a cazar, lo que ofrece una oportunidad única de observarlos en libertad, generalmente desde vehículos especiales adaptados a la tundra. Pero Churchill ofrece más: en verano es posible nadar cerca de las belugas, y durante buena parte del año el cielo se ilumina con espectaculares auroras boreales. Es un destino de naturaleza salvaje.
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