La antigua capital de Malta, encaramada sobre una colina amurallada, prohibe el trafico motorizado y conserva una atmosfera medieval hipnotica. Las calles estrechas de piedra caliza dorada serpentean entre palacios normandos, iglesias barrocas y bastiones con vistas de toda la isla. La Puerta principal del siglo XVIII, la Catedral de San Pablo y el Palazzo Falson son paradas obligadas. Los escasos 300 residentes mantienen un silencio casi monacal. Al atardecer las murallas se tiñen de dorado y la ciudad parece detenida en el tiempo. Escenario de Juego de Tronos como Desembarco del Rey.
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