El archipiélago de Fernando de Noronha, a unos cientos de kilómetros de la costa nordestina, es uno de los grandes paraísos naturales de Brasil y Patrimonio de la Humanidad. Sus playas, de arena dorada y aguas turquesas enmarcadas por farallones volcánicos, figuran habitualmente entre las más bellas del mundo. Sus aguas, de extraordinaria transparencia y riqueza, son un destino soñado para el buceo y el esnórquel, con tortugas, tiburones y delfines. El acceso al archipiélago está limitado para proteger su frágil ecosistema, lo que lo convierte en un destino exclusivo y cuidadosamente preservado.
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