El monasterio de Horezu, en el sur de los Cárpatos, es la obra maestra del llamado estilo brâncoveano, una forma artística rumana que floreció a finales del siglo XVII bajo el príncipe Constantin Brâncoveanu. Patrimonio de la Humanidad, destaca por la pureza de sus líneas, sus pórticos de columnas talladas, sus frescos y sus tallas en piedra y madera. Fue además un importante centro de cultura, con una escuela de pintura de iconos y de copia de manuscritos. La zona es también conocida por su cerámica.
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