Kokino, en el norte del país, es uno de los yacimientos prehistóricos más sorprendentes de Europa: un observatorio astronómico megalítico de hace casi cuatro mil años. Sobre una colina rocosa de origen volcánico, los pueblos de la Edad del Bronce tallaron y dispusieron las piedras de modo que servían para marcar, mediante la salida del sol y la luna, las estaciones y los momentos clave del año. El lugar, que combina arqueología, astronomía y un paisaje agreste, es un destino fascinante y poco conocido.
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