La estación central de Amberes, de principios del siglo XX, es considerada una de las estaciones de tren más bonitas del mundo: un grandioso vestíbulo de piedra coronado por una cúpula de cristal y hierro, apodado la catedral del ferrocarril. Junto a ella se extiende el barrio de los diamantes, donde se comercia con buena parte de los diamantes del mundo, una actividad ligada históricamente a la comunidad judía de la ciudad.
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