A 3.454 m de altitud se encuentra la estación de tren más alta de Europa, dentro del macizo Patrimonio de la Humanidad Jungfrau-Aletsch. Se llega por un ferrocarril que atraviesa un túnel excavado en la roca del Eiger. Arriba hay un palacio de hielo, miradores sobre el glaciar de Aletsch y nieve todo el año. Es una excursión cara, y la altitud puede causar mareo o falta de aire; con mal tiempo no hay vistas, así que conviene elegir un día despejado.
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