Kecskemét, en el corazón de la gran llanura, es una ciudad sorprendente por su concentración de arquitectura art nouveau, con edificios de fachadas curvas y colores vivos, como el llamativo Palacio Cifra o el Ayuntamiento. La ciudad es famosa por el albaricoque y por el aguardiente de esta fruta, el pálinka. Es además la región del célebre pimentón húngaro. Una parada luminosa y poco turística para descubrir otra cara de Hungría.
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