Konjic es una pequeña ciudad a orillas del río Neretva, conocida por su elegante puente de piedra otomano y por su tradición artesana de la talla de madera. Pero su mayor sorpresa está escondida en una montaña cercana: un enorme búnker nuclear secreto, mandado construir por Tito durante la Guerra Fría para proteger al alto mando del país en caso de ataque atómico. Desclasificado, hoy se visita su laberinto de pasillos y salas, que acoge además exposiciones de arte contemporáneo.
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