La Basílica de Notre-Dame es el templo más impresionante de Montreal y una joya del arte neogótico. Su exterior, con dos altas torres, es ya imponente, pero es el interior el que deja sin palabras: una explosión de color y detalle, con bóvedas de un intenso azul estrellado, abundante talla de madera dorada, vidrieras —algunas de las cuales narran la historia de la ciudad— y un órgano monumental. La basílica se alza en pleno Viejo Montreal y, además de las visitas, ofrece conciertos y espectáculos de luz y sonido. Es una visita imprescindible para entender el peso de la herencia francesa y católica de la ciudad.
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