La iglesia y convento de San Francisco, en el centro histórico de Salvador, es una de las obras maestras del barroco brasileño. Tras una fachada relativamente sobria, el interior deslumbra: paredes, techos y altares están cubiertos casi por completo de tallas de madera dorada, en un alarde de riqueza conocido como «iglesia de oro». Destacan los azulejos portugueses, los frescos del techo y un claustro decorado con notables paneles cerámicos. Es un testimonio del esplendor del periodo colonial y una visita imprescindible para entender el arte sacro de Bahía.
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