En el pueblo de Blagaj, cerca de Mostar, se encuentra uno de los rincones más mágicos de Bosnia: una casa de derviches, o tekke, de blancas paredes, encajada al pie de un altísimo acantilado, justo donde el río Buna brota de una cueva en un potente manantial. Construida hace siglos para los místicos del islam, es un lugar de gran serenidad, que se puede visitar. Contemplar la casa reflejada en las aguas verdes, bajo la pared de roca, es una imagen inolvidable.
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