La segunda ciudad de Guyana creció alrededor de la mineria de bauxita con lagos artificiales de color turquesa. Los antiguos pozos mineros inundados crean lagunas de aguas azules sorprendentes entre colinas de tierra rojiza. El puente sobre el rio Demerara conecta las dos mitades de la ciudad que es puerta al interior. La historia minera se refleja en los edificios industriales reconvertidos y los barrios obreros. La entrada a los miradores sobre los lagos es gratuita y las vistas son inesperadamente fotogenicas.
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