Las cataratas del Niágara, en la frontera con los Estados Unidos, son una de las cascadas más famosas y visitadas del mundo. Aunque no destacan por su altura, sí lo hacen por su descomunal caudal y su anchura: un inmenso muro de agua que se precipita con un rugido atronador, levantando una nube permanente de vapor. La más espectacular es la catarata Herradura, del lado canadiense. La visita ofrece muchas formas de disfrutarlas: paseos en barco que se acercan hasta el pie de la cascada, miradores, túneles tras la cortina de agua e iluminaciones nocturnas. Es uno de los grandes espectáculos naturales de Norteamérica.
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