El sur de Eslovaquia, en la frontera con Hungría, esconde bajo tierra una de las regiones kársticas más notables de Europa, con cientos de cuevas que, junto a las del lado húngaro, son Patrimonio de la Humanidad. Algunas, como la cueva de Domica, se visitan recorriendo galerías llenas de estalactitas y, en parte, navegando por un río subterráneo. Otras destacan por sus singulares formaciones o por el hielo. Es un mundo subterráneo fascinante; conviene abrigarse, porque la temperatura es baja todo el año.
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