Maramureș, una región rural y montañosa del norte de Rumanía, ha conservado como pocos lugares de Europa su modo de vida tradicional, con sus casas de madera, sus portones tallados y sus costumbres. Su tesoro son las iglesias de madera, esbeltas construcciones de tejados muy inclinados y altísimos campanarios, levantadas sin un solo clavo. Ocho de ellas son Patrimonio de la Humanidad. Recorrer los pueblos de Maramureș, entre prados y carros de caballos, es como retroceder en el tiempo.
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