En la región de Bucovina, en el norte de Rumanía, se conserva un grupo de monasterios únicos en el mundo: sus iglesias están cubiertas, por dentro y por fuera, de frescos del siglo XVI que narran escenas religiosas con un colorido extraordinario. Las pinturas exteriores, expuestas durante siglos a la intemperie, se han conservado de forma asombrosa. Iglesias como las de Voroneț, célebre por su azul, Sucevița o Moldovița son Patrimonio de la Humanidad. Visitarlas es una experiencia artística y espiritual.
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