Melnik, en el suroeste de Bulgaria, tiene fama de ser la ciudad más pequeña del país, un pueblo de casas tradicionales encajado entre espectaculares formaciones de arena: unas pirámides y crestas pálidas, esculpidas por la erosión, que rodean el caserío. Melnik es además célebre por su vino tinto, elaborado desde hace siglos y conservado en bodegas excavadas en la roca, que se pueden visitar y catar. Muy cerca se encuentra el histórico monasterio de Rozhen. Es una escapada llena de encanto.
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