El monasterio ortodoxo del siglo XV se esconde en un canon boscoso con cascadas y senderos entre rocas. La iglesia principal conserva frescos restaurados y la huella milagrosa atribuida a la Virgen Maria en la roca. Los monjes mantienen una vida contemplativa en celdas excavadas en los acantilados de caliza. Los peregrinos moldavos acuden cada ano para venerar las reliquias y beber del manantial sagrado. Es uno de los monasterios mas bellos y visitados de Moldavia en un entorno natural excepcional.
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