Paraty, en la costa entre Río de Janeiro y São Paulo, es una pequeña ciudad colonial de gran encanto, cuyo centro histórico y su entorno natural fueron declarados Patrimonio de la Humanidad. Sus calles empedradas con grandes piedras irregulares, peatonales y a veces inundadas por la marea, están flanqueadas por casas blancas de puertas y ventanas de colores e iglesias del periodo colonial. Paraty fue un importante puerto por el que salía el oro de Minas Gerais. Está rodeada de una bahía salpicada de islas y playas y de montañas cubiertas de selva atlántica, que se exploran en barco.
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