Piran es la joya de la pequeña costa eslovena, una ciudad que se adentra en el mar Adriático con un aire inconfundiblemente veneciano, herencia de los siglos en que perteneció a la República de Venecia. Sus calles estrechas y empedradas suben hasta las murallas, y su corazón es la plaza Tartini, dedicada al violinista nacido aquí. El campanario de su iglesia recuerda al de San Marcos de Venecia. Es un placer perderse por sus callejones y asomarse al mar desde el paseo marítimo.
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