Frente a la laguna de Jökulsárlón, los icebergs que salen al mar son devueltos por las olas a una playa de arena negra, donde quedan varados como bloques de hielo transparente que brillan al sol: de ahí su nombre. La estampa cambia cada día y cada marea. El acceso es libre, pero hay que tener mucho cuidado con las olas fuertes y con el hielo resbaladizo, y no subirse a los bloques, que pueden volcar.
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