La pequeña ciudad de Spa, en las colinas boscosas de las Ardenas, dio su propio nombre a la palabra que hoy designa los balnearios en muchos idiomas. Sus manantiales de aguas minerales atrajeron desde hace siglos a la aristocracia europea, que la convirtió en un elegante lugar de cura y descanso. Conserva edificios termales históricos y unos baños modernos en lo alto, a los que se sube en funicular. En sus alrededores está el famoso circuito de carreras.
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