Entre Lausana y Montreux, las laderas que bajan al lago Lemán están cubiertas por unas 800 hectáreas de viñedos en terrazas, Patrimonio de la Humanidad. Los muros de piedra se cultivan desde el siglo XI y se dice que reciben tres soles: el del cielo, el reflejado en el lago y el que devuelve la piedra caliente. Un sendero señalizado cruza los pueblos vinícolas y muchas bodegas familiares abren para catas. El mejor momento es el otoño, con las hojas doradas.
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