El monasterio de Manasija, en el centro de Serbia, sorprende por su aspecto: no es solo un monasterio, sino una verdadera fortaleza, rodeada de altas y poderosas murallas con once torres. Fue fundado a comienzos del siglo XV por un déspota serbio que lo concibió a la vez como centro espiritual y de cultura y como refugio defensivo en una época convulsa. Dentro del recinto amurallado, su iglesia conserva notables frescos. Es uno de los monumentos más imponentes del país.
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