El barrio de Usaquén fue un pueblo colonial independiente hasta que Bogotá lo absorbió, conservando sus calles empedradas, casas de colores y plaza central con iglesia blanca. Cada domingo, el mercado de pulgas llena las calles con artesanía, joyería en esmeralda, hamacas, mochilas wayúu, cuero, cerámica y arte. Músicos de vallenato, raperos y cuenteros animan las esquinas. Restaurantes en casonas con patios. Arepas de huevo, empanadas y jugos de frutas exóticas (lulo, guanábana, maracuyá) en puestos callejeros.
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