Angkor Thom fue la última y más grandiosa capital del Imperio jemer, una ciudad amurallada de varios kilómetros cuadrados a la que se accede por monumentales puertas. En su centro se alza el Bayon, uno de los templos más fascinantes de todo el conjunto de Angkor, declarado Patrimonio de la Humanidad. Su rasgo más inolvidable son las más de doscientas enormes caras de piedra, serenas y sonrientes, que miran en todas direcciones desde sus numerosas torres. El templo conserva además largos relieves que retratan con detalle escenas de batallas y de la vida cotidiana de la época. Recorrerlo es como adentrarse en un laberinto de rostros.
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