Podgorica, la capital de Montenegro, es una ciudad sobre todo moderna y administrativa, pero conserva un pequeño casco viejo, llamado Stara Varoš, de aire otomano. En este barrio, a orillas del río Ribnica, sobreviven calles estrechas, una vieja torre del reloj y mezquitas que recuerdan los siglos de dominio turco. Cerca, el río se cruza por un antiguo puente de piedra. Pasear por esta zona, libre y gratuito, ofrece la cara más histórica de una capital que mira sobre todo al futuro.
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