Sarajevo ha sido apodada la Jerusalén de Europa por la convivencia, en un espacio reducido, de mezquitas, iglesias ortodoxas y católicas y una sinagoga. En el centro, una marca en el suelo señala el punto donde el casco otomano, de callejuelas y bazares, da paso de golpe a la ciudad austrohúngara, de amplias avenidas y edificios señoriales: el llamado encuentro de culturas. Recorrer a pie esta frontera invisible, libre y gratuito, es la mejor forma de entender el alma diversa de la ciudad.
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